Conversaciones en el furgón (extracto del capítulo)

No hubo tiempo para más. El furgón había minorado la marcha y comenzaba a maniobrar para aparcar. A los pocos segundos de detenerse, el oficial al mando entró en el furgón:

– Mariconas y marimachos, preparaos -paseaba por el angosto pasillo agarrándose a la barandilla que recorría el techo-. Los perroflautas tienen ganas de liarla, y nosotros estamos aquí para aguarles la fiesta. Pero ojito, está todo plagado de periodistas, así que los golpes que se suelten que sean “proporcionados”, ¿entendido? -iba recibiendo el asentimiento de quien cruzaba su mirada con la de él-. Claro está, que si alguno de vosotros está en peligro o recibe una agresión, todo será “proporcionado”; se me comprende, ¿verdad? -recibió asentimiento colectivo-. Jodidos periodistas… ¡Fernando!, irás de avanzadilla: que no te hagan daño, pero que te den, y que se vea, habrá cámaras, ya sabes: eres perro viejo. El resto, al loro; después de la agresión, el enemigo habrá quedado retratado y estaremos legitimados para actuar. Desfilando, vamos.